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Azul Oscuro Casi Hitler

Basta que tengas un pie metido en esto del cine y, al márgen de dónde tengas el otro, visitar un festival de cine deja de ser el ejercicio de libertad e inconsciencia que es cuando vas de oídas. De antemano ya sabes qué películas tienes que ver, por qué y con quién. Supongo que pierdes más de lo que ganas. En el último festival de Málaga de cine español he de reconocer que fui a ver dos películas por mi relación de amistad con sus directores. Pero, en tributo a mi inocencia perdida, quiero pensar que… deseo ardientemente pensar que… en caso de ser un recién llegado y no conocer a nadie, también hubiese intentado ver esas dos películas.

AzulOscuroCasiNegro y Ellos robaron la picha de Hitler.

De Daniel Sánchez Arévalo y Pedro Temboury, respectivamente.

Verán, uno se reconforta con su propia pérdida de inocencia cuando constata que las dos películas a las que su vida social ha encaminado son:

Dos películas diametralmente opuestas. Si en una ordenación lineal una pone a una en un extremo y a la otra en otro, todas las demás ofertas del festival tendrían cabida dentro del segmento. Sí, ninguna película era menos Temboury que la de Sánchez Arévalo y ninguna película es menos Sánchez Arévalo que la de Temboury.

Dos de las comentadas sesiones más jubilosas y aplaudidas del festival, cada una con su público, cada una a su manera y cada una con armas. Pero ambas con el público de pie.

Dos películas triunfadoras, cada una dentro de su categoría. Ellos robaron…”se llevó el premio del público en la sección Zonazine, mientras que Azul Oscuro… ha sido la película oficialmente triunfadora del festival “serio”.

Dos películas representantes de cine de nueva generación. Y eso, como suele decir Eugenio Mira, no es ni bueno, ni malo, pero sucede. Y eso es lo importante.

Dos películas de dos de los directores más encantadores que conozco: En un mundo en el que los directores de cine (al menos los de cortometrajes) viven en la suspicacia, la sospecha y la tensión continua, Pedro Temboury y Daniel Sánchez Arévalo siempre han sido asombrosos ejemplos de camaradería, optimismo y generosidad. Uno le da al porro que no veas y el otro es hipocondríaco. Serían una gran pareja de policías.

Dos películas profundamente españolas: Ellos Robaron la Picha de Hitler es cine español retroalimentado y reverberado. Olvídense de Russ Meyer, Hershell Gordon Lewis y las referencias de siempre: Temboury ha hecho una película que, en sus momentos más infantiles (es la película con más pedos de la historia del cine, no sé por qué no lo ponen en el cartel) y los más malrollistas (hay pollas, y autopsias, y los dos elementos en la misma situación) triangula tres tradiciones tan españolas que no pueden aplicarse a ningún otro país: Los tebeos de Bruguera, con esos héroes en espacios desolados enfrentados a misiones imposibles con el discutible método de ensayo-error, las películas de grupo musical de niños (Parchís, Regalíz, Enrique y Ana), que ya eran espectrales el día de su estreno, y por último… las secuencias de Fernando Esteso balbuceando ante unas tetas gordas. Quizá, en una labor de espeleología sociosemiótica descubramos que, tras estratos y estratos de folclore y drama, el núcleo geológico de la España de las Ideas sea Fernando Esteso balbuceando ante unas tetas gordas.

Me detengo un poco más en AzulOscuroCasiNegro porque ustedes la tienen en las carteleras: Su condición de película netamente española abarca su mismo género. Sí, si pudiésemos catalogar el género de esta película sería: Cine Español (drama al pié de la calle con elementos de comedia y realismo social).

Es la crítica más severa que he oído en torno a la película de Sánchez Arévalo: Que es cine español de hoy en día, desde su médula. Y ¿Saben qué? Que la única apreciación negativa contundente que se ha hecho de esta película sea una tan sectaria, coyuntural y victimista es la confirmación de que AzulOscuroCasiNegro es cojonuda.

Me parece un error profundo, y muy frecuente, el lamento por la constante temática de nuestro cine. El problema no es la elevada cantidad de dramas de calle que ofrece nuestro cine, el problema es que la gran cantidad de ellos son mentira, o aburren (una cosa suele ir unida a la otra). La diversidad temática en una cinematografía es un síntoma de riqueza, de buena salud. ¡Por qué se creen que en Italia tampoco se hacen hoy películas de tiros! Y esa riqueza no llegará nunca de golpe y porrazo, sino que será la consecución de un estado de gracia que sólo se alcanza a través de las películas buenas. No hay otra manera. Y esta es buena:

El elenco de esta película no tiene ni un sólo rostro inundacarteles, ni se rinde con descaro al trabajo de un actor concreto. El guión es imprevisible. ¿Me han oído al fondo? He dicho “imprevisible”. Esquiva la rancia y apestosa estructura de euforia - culpa – autoexilio – redención que afecta el 88 por ciento de las películas, españolas o no, que se han comido ustedes en los últimos catorce años. Las secuencias de humor… y aquí pido silencio en la sala… Las secuencias de humor son secuencias de humor real. O sea, de descojono. Y la realización de la película tiene que ver más con el pulso de 24 que con el de Ken Loach. Con esto último no me dirán que todos salimos ganando.

Lo tuve presente en todo momento mientras la veía: Cuando Sánchez Arévalo habla de lo mucho que le gusta Fernando León o Achero Mañas lo dice con una rotundidad y sinceridad que a veces a mí me falla cuando digo lo mucho que me gusta John Carpenter. Vamos, que Daniel es al cine español lo que Tarantino es al de samuráis: Un enamorado por encima del sarcasmo.

Al final, en estos días de circulos y pliegues en la estructura, todo post acaba en el punto de partida, así que podríamos volver a hablar de la pérdida de inocencia. ¡Qué mayor pérdida de inocencia que la del blog de un director que recomienda las pelis de los colegas! Les permito tirarme piedras, si quieren, como siempre. Pero con la película vista, no me jodan. Búsquense piedras de calidad.

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