Creo que fue la revista Teleindiscreta de los ochenta y bastantes la que en cierta ocasión decidió regalar a los hijos de sus lectoras algo revolucionario, en vez de una réplica de la pistola de los lagartos de V, o la adaptación falsa de una supuesta tercera temporada de la misma serie (aún recuerdo el ballardiano argumento: los mares se secaban y la gente se bañaba en las fuentes municipales) , o un poster a tamaño natural de Sabrina… Aquella semana nos cayó una máquina para hacer huevos cuadrados.
La máquina era en realidad una cubículo desmontable de cartón cromado en el que, tras días de agonía y espera, un huevo cocido acababa cobrando una supuesta forma cúbica. Pero lo que en un principio parecía un superlopezístico desafío a TODO acababa siendo algo bastante triste: El eco pocho, en forma de embrión muerto, cocido y deformado, de una geometría inalcanzable.
La cumbre del paletismo aplicado a la contemplación artística es la valoración de la obra en función del grado de implicación material del artista en la misma. Vamos, el desprecio de, pongamos, la obra de Jackson Pollock porque “eso lo hace mi hijo de cuatro años” o la admiración hacia un puzzle montado de 10.000 piezas de un cuadro de Jackson Pollock porque “está muy currado”.
Pero bueno, hablo de los paletos. Ningún pintor se mete hoy en día con Jackson Pollock de esa manera. Ningún poeta argumentará que el haikú es una fórmula para vagos, y ningún músico les dirá que Melendi es mejor que Jonathan Richman porque sus directos son más complejos.
La apreciación de las artes audiovisuales es de las más inmaduras y desdibujadas porque, es de cajón, el cine es una de las formas de comunicación más inmaduras y desdibujadas. Ciento y pico años no dan para mucho, para un Bresson, un Fisher, un Mostow, un Código 7 dos French Connection y poco más. Por eso, muchas veces, hasta los propios directores y realizadores son los que a veces entran en la fase “Tia Mariló en el Guggenheim”.
No estoy hablando de mí. Ya sé que gran parte de las críticas negativas ante 7:35 de la mañana pertenecen al sector “Pues el año que viene grabo a mi abuela saliendo de la ducha y lo mando a los oscar, a ver si me nominan, no te jode” o el aún más siniestro y confuso “El corto es de lo más original y divertido que he visto en mi vida, pero no está bien hecho”. Pero no, insisto, por una maldita vez no estoy hablando de mí. Esos comentarios no me me molestan. De la misma manera que Einstein no iba a la peluquería.
No me desvíes, vanidad. Estoy hablando de Rubén Ontiveros, ese tipo que, cada vez que accede a algún podio o pasa alguna criba con sus vídeos, provoca una oleada de reacciones airadas y puños alzados al cielo. “Pero si lo ha hecho en dos horas con la punta de la minga”
Exacto.
En dos horas.
Con la punta de la minga.
El mejor director de vídeo de España lo ha hecho en dos horas con la punta de la minga.
Y enumero, porque ustedes saben que me gusta enumerar:
1) Conozco a Rubén Ontiveros desde hace aproximadamente ocho años, y desde entonces no ha dejado de escupir videos a un ritmo al que nadie se acerca ni remotamente. Lo que quiero decir es que , mientras que un No-Ontiveros se tira un año sentado a la bartola contemplando con gesto ansioso y la barriga hinchada a canapés cómo su corto salta de festival a festival, Ontiveros no deja pasar una semana sin grabar a su amigo Polín mesándose la frente con desesperación y diciendo guarradas.
2) Cuando los No-Ontiveros ruedan cortos de media hora, imitando el formato y estilo de películas cien veces más caras, dejan bien claro que lo que intentan es, por encima de todo, acercarse a una industria que de momento les pilla lejos. Pero pocas veces son conscientes de hasta qué punto el resultado se parece más a un huevo cuadrado que a Boogie Nights. El trabajo de Ontiveros, mientras tanto, es un fin en sí mismo. Es una preciada pieza de honestidad con el espectador. Por que este tío no tiene ni pajoleras ganas de filmar un trávelling circular en torno a Tom Cruise llorando. Dentro de treinta años Polín seguirá mesándose la frente y diciendo guarradas.
3) Plato fuerte. Todo lo que cuenta Ontiveros es verdad. Nuria existe. Polín y Caballero existen. Esas paredes de doloroso gotelé existen, esas fundas de sofá existen, esos chándales, esas consolas, esos DVDs piratas, existen. Ese universo que existe como sólida confluencia de todos esos videos es verdad. He estado ahí. En ese cosmos de kinitos, pedos malos, y subcinefilia. Una noche. Lamentablemente sólo una. De verdad, no supe si estaba siendo víctima de una conspiración, si había entrado en un inaudito parque temático o me había colado en la realidad paralela más consistente de la lista. Esa noche (y la terrible mañana de domingo posterior) pertenecí al Universo Ontiveros. Como cuando Batman se pega con los Cuatro Fantásticos.

Tejería y Vigalondo jugando al Eyetoy. Un momento muy Ontiveros (O Gus Van Sant, ustedes deciden)
Y basta ya. ¿Por qué le hago la pelota de esta manera a Ontiveros? Porque si entran en www.quevidamastriste.com, se toparán con la representación virtual del Universo Ontiveros. Y si no se parten de risa con el sublime Videolog o con la maravillosa serie Días de Cine ni me hablen por la calle. Y eso es sólo el principio.
ACTUALIZACION: Gracias a http://elmambotaxi.blogspot.com sabemos que la revista que regalaba el deformahuevos era la PRONTO, con lo cual, todo esto es mucho, mucho, mucho más siniestro.


